Dr. Francisco Villar Cabeza, Psicólogo Clínico. Coordinador del programa de atención a la conducta suicida del menor. Hospital Sant Joan de Déu Barcelona.

«Detrás de cada intento de suicidio adolescente hay un relato de dolor y desvinculación. Entenderlo es la clave en la prevención»

Mònica Fidelis Pérez de Tudela
Mònica Fidelis Pérez de Tudela
Periodista. Project Manager
SOM Salud Mental 360
Francisco Villar Cabeza

En el primer día de funcionamiento de la línea 024 se recibieron mil llamadas. ¿Qué nos está diciendo este dato?

«Me gustaría saber qué estaban haciendo estas mil personas el día anterior, antes de poder llamar a este recurso. ¿Qué hacían el día antes con esa necesidad de compartir con alguien el sufrimiento? En ese sentido, debemos vivirlo como algo esperanzador porque alguien estuvo ahí para atender esas llamadas. Ya había teléfonos en marcha que recibe llamadas continuamente, como el de Barcelona (900 925 555), pero es positivo sumar un nuevo teléfono que, además, es fácil de recordar».

Acabas de publicar tu libro con el título Morir antes del suicidio, pero este no es un libro sobre la muerte sino sobre la vida. ¿A qué hace referencia el título?

«El libro va sobre la vida, como todo en realidad, de la muerte poco sabemos. Con el título quería reflejar una sensación que muchas veces me transmiten las personas que han realizado tentativas de suicidio y que es ese “morir” antes de tomar una decisión como el suicidio. Viene a poner el foco en lo que es el proceso del comportamiento suicida, que no es un comportamiento que surge de golpe, sino que hay todo un camino que se va cocinando a fuego lento, empezando desde la intimidad de tu pensamiento. Una de las cosas que los profesionales intentamos entender es cómo un chico de 15 años decide que esa es la solución, queremos entender cómo ha llegado ahí. Después de ver centenares de chicos y chicas que han pasado por esta circunstancia, vemos que siempre hay un relato, hay todo un proceso que es importante conocer porque para prevenir la conducta suicida lo único que podemos hacer es adelantarnos, es decir, intervenir cuando este proceso se está produciendo. Y en ese proceso es donde se centra el libro, en ese camino previo».

¿Cuál fue el germen de este proyecto?

«Como psicólogo clínico, tenía ya mucha experiencia atendiendo a adultos jóvenes con patologías que se consideran complicadas, como el trastorno límite de la personalidad. Cuando me ofrecieron poner en marcha el programa de atención a la conducta suicida del menor del

Hospital Sant Joan de Déu Barcelona, en 2013, consideraba que tenía la formación y preparación adecuada para ello, pero tuve que hacer todo un proceso personal y profesional para afrontar la realidad con la que trataba cada día. Ya no me valía solo conocer la teoría, tuve que hacer el ejercicio de empezar de cero, “desnudarme” de todo lo que sabía, porque veía que no era útil. Tenemos que entender que la mayoría de estudios sobre el suicidio se han hecho sobre población adulta. En el caso de los adolescentes, que supone el 2% de la mortalidad total por suicidio, se intentaba adaptar ese conocimiento, pero muchas cosas no encajaban.

Es un camino en el que me desarmé de todo lo que tenía para enfrentar esta batalla y poder comprender la realidad de la conducta suicida adolescente. La primera aproximación que hice fue científica, a través de un proyecto de investigación con el que poder dar respuesta a preguntas como la tipología de adolescente con riesgo o dimensionar los tipos de procesos que manifiestan (en su mayoría hablamos de procesos largos de dificultades de adaptación, familiares, escolares, etc.). En aquél momento había pocos artículos publicados sobre el tema, estábamos muy al inicio.

El hecho de escribir este libro responde a mi compromiso, sobre todo con las familias. Cuando atendemos a los chicos nos los encontramos ya en la etapa en que han hecho un intento, al final del proceso y eso es muy duro de asumir. Me parecía que era injusto que esta experiencia tan dolorosa se quedara en la consulta y no trascendiera, que no pudiéramos convertirlo en algo útil para la sociedad».

Al inicio del libro dices que como el suicidio se trata de un fenómeno multicausal hace que los agentes sociales implicados se acaban desalentado. ¿Por dónde hay que empezar en la prevención?

«La conducta suicida es multicausal y no lo es. Al final, se resume en dolor, desesperanza y capacidad de suicido. Es decir, el dolor y la desesperanza llega de cualquier factor que genere un gran malestar y supere la capacidad de resistencia de esa persona.

Lo importante en este proceso es generar elementos de vinculación con la vida porque esa conexión es incompatible con querer morirse. El ser humano es así, los lazos con la vida son los que nos impiden abandonarla. Y tampoco se trata de suprimir el dolor porque las situaciones dolorosas o difíciles que vivimos a lo largo de la vida nos ayudan a validarnos, a fortalecernos como personas. A mí lo que me preocupa es que a los jóvenes les estamos dando todo hecho, retrasamos su entrada en el mercado laboral, los progenitores procuramos que no les falte de nada, pero con esta manera de hacer ellos no tienen espacios ni momentos donde demostrar su valía. No tienen razones, ni oportunidades de ganar las cosas por sí mismos. Creo que una de las reflexiones que debemos hacer es pensar qué mundo les estamos construyendo. Y no es fácil, nosotros también andamos un poco perdidos. Tenemos que buscar momentos para que sean ellos los que tiren las puertas abajo y para que esto suceda tiene que haber puertas. Si no somos capaces de dejar que hagan este camino personal es cuando llega la confusión y el sentimiento de vacío».

En la adolescencia, por cada suicidio consumado, hay entre 100 y 200 intentos de suicidio. Las llamas las historias invisibles, no hay registros, pero incluso de las que hay registros, que son las que terminan mal, esto no sirve para que escuchemos lo que está sucediendo… ¿Por qué no queremos escuchar?

«Somos sordos a esta realidad e, iría más allá, la silenciamos. Si algún chico expresa esas ideas muchas veces recibe respuestas del tipo: “no digas tonterías”. Y cuando el intento de suicidio se produce en casa, lo tapamos porque pensamos que la manera de proteger al adolescente es que el resto de personas no sepan que ha realizado un intento de suicidio, para que no lo estigmaticen. Y en el entorno educativo igual. Tenemos un grave problema cuando los adultos deciden que lo mejor para el chico es no contárselo al tutor, por ejemplo. Si el docente no sabe que ese chico está pasando por un mal momento, será difícil que pueda ayudarle cuando vuelva al centro. Si tiene la información, el docente puede estar más pendiente, hablar con el resto de profesorado para que tengan un poco de paciencia, para que se adapten al momento. Cuando no lo contamos y el chico vuelve a colegio, los profesores no cambian las dinámicas, ponen la misma presión que quizás habían llevado a ese chico al intento de suicidio…pero, claro, sin saberlo. Y el problema no es de los padres, sino de la sociedad porque saben que este tema arrastra mucho estigma todavía y hasta que no lo rompamos no avanzaremos.

Es curioso porque antes de hacer el libro yo pensaba que la solución, al menos a nivel profesional, pasaba también por poder compartir todo este conocimiento para que los profesionales y otros colectivos relacionados con la educación o el ocio pudieran comprometerse más, entender mejor el fenómeno y ver qué pueden hacer desde su posición. Pero, claro, esto lo consigues cuando cierra el libro y ahora me doy cuenta que lo difícil es superar la primera barrera, que es lograr que no se dé un paso atrás solo con ver la portada. Sí, es un tema duro, incómodo, pero necesario».

¿Por qué un niño o un adolescente piensa en acabar con su vida? ¿Cómo se llega a este pensamiento?

«La respuesta es sencilla. Una persona que piensa que es mejor morir que seguir viviendo, es una persona que lo está pasando mal por diferentes motivos y que tiene un sufrimiento psicológico importante. Siente que no podrá salir de ese dolor y que no lo va a poder superar. Se siente totalmente desvinculado de la vida porque no se gusta a sí mismo, piensa que no vale la pena y que no ha podido demostrar su valía en ningún sitio. Y, además, cree que es un problema, una carga para los suyos. Son personas a las que nadie acude para pedir consuelo y tampoco tienen a nadie a quien pedir consuelo y con quien compartir esta situación. Esto es lo que le pasa al adolescente y por ello, al final, acaba pensado que sería mejor acabar con todo.

Es muy importante tomarnos en serio toda señal que un adolescente esté enviando sobre ideas suicidas. Lo único que nos dice un intento de suicidio, aunque pueda parecer leve, es que este chico ya está metido en ese proceso y debemos intervenir. Si nos esperamos, al final va a ir ganando más capacidad de hacer lo que quiere hacer hasta conseguirlo. El objetivo final es ir a la base del problema y es importante que estos chicos sepan que el amor de los padres es incondicional, que no estarán mejor sin ellos, más bien al contrario».

¿Cuál es la situación de la incidencia de los intentos de suicidios y suicidios consumados tras los peores momentos de la pandemia?

«La Organización Mundial de la Salud siempre ha manejado el dato de 20 intentos de suicidio por cada suicidio consumado en población adulta. El dato va subiendo conforme la edad, en gente mayor estamos hablando de 3 intentos de suicidio por cada suicidio consumado. Esto es porque hay una mayor capacidad de suicidio conforme pasan los años. En la adolescencia lo que tenemos son más oportunidades para actuar porque nos enseñan antes sus intenciones. Es con estos adolescentes con los que hay que trabajar para que no acaben consumando en edad adulta.

No tenemos aún datos del impacto de la pandemia, pero, en general, sabemos que la incidencia relacionada con la salud mental ha incrementado y tememos que se acabe traduciendo en más muertes. En los dos meses de confinamiento de 2020 hubo una bajada en las tentativas y luego hubo un repunte a final de año. Yo pensé que esto iba a equilibrar los datos, pero no, hubo datos record. Eso nos hace pensar que los datos 2021 no serán mejores».

En el libro resaltas que la conducta suicida no es una forma de llamar la atención, es una forma de pedir ayuda ¿nos puedes explicar este concepto?

«Llamar la atención es una idea asociada a una pataleta infantil, una manera de conseguir lo que quiere a través del chantaje emocional. Todos tenemos claro que no hay que hacer caso a este comportamiento y entonces es cuando sube la intensidad de la pataleta porque el niño ve que se le ha retirado la atención. Cuando ve que no funciona es cuando prueba otro registro conductual que puede ser más adecuado. La conducta suicida no tiene nada que ver con lo que entendemos con llamar la atención.

En profundidad

Cuando un hijo te dice que se quiere suicidar es muy duro, es muy difícil aceptar esa idea, por eso hay esta primera reacción de pensar que está intentando llamar la atención. Pero, claro, ¿qué tiene que hacer? ¿no decírtelo? Un chico que amenaza con suicidarse o realiza un intento no consigue mejorar sus relaciones sociales, no consigue tener más amigos, no consigue que el novio o novia no lo deje, no consigue mejorar la calidez de la relación con los padres, no consigue nada, todo lo complica. Cuando se da una primera conducta, las amistades muestran preocupación o interés, pero si sigue con esa conducta, al final, la gente acaba separándose de ellos y eso acaba siendo un factor más añadido a los problemas que ya tenía. Acaba confirmando esa sensación de soledad, de que no vale para nada, de que solo es un problema para los otros.

Pensar que esta conducta es para llamar la atención me parece incluso cruel. El saber popular ha inventado razones o saberes para explicar cosas que nos cuestan entender, es así también como se mantienen los mitos relacionados con el suicidio. Pero son saberes que tranquilizan a la mayoría, no al que está sufriendo. Para luchar contra estos mitos es necesario comprender y saber cómo actuar».

Este es también una herramienta para profesionales de la salud mental. ¿Qué encontraran y en qué aspectos crees que puede ser útil ante un tema tan complejo?

«Cuando yo empecé a enfrentar esta realidad, lo hice muy “desnudo”. En este sentido tenía claro que quería explicar lo que a mí me hubiera gustado saber antes de enfrentar esta realidad. Estoy confirmando, por lo que me trasladan otros profesionales, que realmente cumple esta función y eso siempre te impacta. Siempre he tenido claro que debía ser una herramienta útil. En cuanto al contenido, a modo de ejemplo, también trato de los mitos que hemos tenido en el ámbito profesional. Conceptos que nos han enseñado como profesionales y que luego, en la práctica clínica diaria, te das cuenta de que no encajan, como por ejemplo la letalidad, la rescatabilidad, etc. Dan una sensación de tranquilidad falsa al profesional, pero no funcionan, como mínimo en la etapa en la que yo doy asistencia, que es por debajo de los 18 años. Pienso que los profesionales no pueden permitirse no tener este conocimiento que ya está al alcance de todo el mundo con el libro, como las familias, educadores o personas interesadas».

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 27 de Mayo de 2022
Última modificación: 22 de Junio de 2022
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Tras diez años atendiendo y escuchando miles de historias personales de chicos y chicas que han intentado suicidarse, el Dr. Francisco Villar, coordinador del programa de atención a la conducta suicida del menor del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona, ha sido capaz de procesar todo este conocimiento y convertirlo en un libro indispensable para comprender la conducta suicida en la adolescencia: Morir antes del suicidio. Prevención en la adolescencia (Herder Editorial). Esta obra es más que una guía, más que un compendio de reflexiones, es una brújula que debe permitirnos a todos entender cómo se produce el proceso de la ideación suicida en un adolescente. Un conocimiento que da las claves para poder intervenir antes desde todos los espacios sociales: familia, profesionales de la salud, escuela y sociedad en general.