El duelo en una pérdida por suicidio

Cuando perdemos a una persona querida se inicia un proceso de aceptación de la pérdida, de despedida definitiva, que puede prolongarse por mucho tiempo y que produce una serie de consecuencias que muchas veces no hemos considerado: sociales, personales, económicas, físicas…

Si sobreponernos a la pérdida de alguien a quien queremos es una tarea dura, cuando se trata de una persona que ha muerto a causa del suicidio la situación adquiere características mucho más complicadas y de difícil afrontamiento.

A los sentimientos lógicos de tristeza, dolor y abatimiento, pueden añadirse con enorme intensidad: la vergüenza, la incomprensión, el abandono, la culpabilidad, el dolor incontrolable con graves manifestaciones físicas en ocasiones, el enojo con la persona por lo que ha hecho y hasta el alivio, si se ha producido tras una larga y difícil enfermedad mental.

Y las terribles preguntas que nos asaltan en todo momento: ¿Por qué?, ¿por qué lo ha hecho?, ¿por qué me ha hecho esto a mí?, ¿cómo puede ser que se haya quitado la vida?

Estas preguntas que nos asaltan continuamente buscan una explicación racional a un fenómeno que aún hoy, posiblemente por culpa de todos los tabúes que lo rodean, resulta difícil de explicar. Aun así, debemos recordar que:

  • A menudo, las personas que mueren a causa del suicidio tiene algún tipo de trastorno mental diagnosticado o no.
  • Suelen tener una sensación individual e intransferible de sufrimiento extremo que las incapacita para analizar su situación desde la lógica de la vida.
  • Las personas pueden morir por esta causa al igual que otras pueden morir de cáncer o víctimas de un infarto. Son víctimas de una enfermedad o un trastorno momentáneo de la razón.
  • En otras personas es difícil interpretar la razón que hay detrás, pero puede tener relación con desengaños amorosos (adolescentes y jóvenes en su mayoría), o con un terrible sentimiento de soledad (habitualmente personas ancianas). 
  • Aun así, no podemos hablar de suicidio. Debemos hablar de suicidios, ya que todo suicidio es un acto personal e individual. Nadie es igual a nadie y cada historia merece ser tenida en cuenta, aun cuando nos cueste comprender sus razones y aceptar su final.

El silencio que rodea al suicidio nos hace creer que nuestra experiencia es prácticamente única, pero solamente en España murieron por suicidio casi cuatro mil (3.941) personas durante el año 2020, siendo hoy en día la primera causa de muerte externa, por encima de los accidentes de tráfico. Aun cuando temamos que las estadísticas reduzcan a la baja la cifra real, por los motivos obvios de temor a calificar una muerte no natural de suicidio, eso supone que en España mueren más de 8 personas cada día por esta causa. En Europa, mueren alrededor de 58.000 ciudadanos cada año por suicidio y, según datos de la OMS, cada 40 segundos una persona se quita la vida en el mundo.

Reglas del duelo por suicidio

El duelo que conlleva una pérdida por suicidio, todavía invisibilizada socialmente y sujeta al estigma y a numerosos mitos, supone un difícil viaje para quienes lo viven. El riesgo de silenciarlo, de no poder realizar un proceso saludable, nos precipita a los supervivientes a poder desarrollar afecciones psicológicas y físicas de gravedad que se pueden prolongar a lo largo de mucho tiempo, y a acometer nosotros mismos conductas suicidas.

Algunas consideraciones sobre el duelo que podemos tener en cuenta son:

  1. Las personas no reaccionamos igual ante la muerte de alguien querido. Nuestra respuesta será individual y relacionada a cómo somos, a nuestra educación, experiencias personales y culturales.
  2. Disimular cómo nos sentimos realmente no es bueno: dificulta la comunicación con las personas que nos quieren y que pueden estar sintiendo lo mismo que nosotros.
  3. Cuando perdemos a alguien a causa del suicidio, lo normal es que nuestro mundo se vuelva insoportable, inseguro, lleno de dolor y culpabilidad.
  4. El duelo nos puede causar dolor físico y mental. Es muy conveniente acudir al médico y hacer un seguimiento de nuestro estado general de salud y, si es necesario, buscar la ayuda psicoterapéutica más adecuada.
  5. El duelo a causa del suicidio presenta un riesgo especial en su evolución negativa, lo que se denomina «duelo complicado o traumático». Debemos ser conscientes de estar atentos a una evolución negativa para afrontarla y ser capaces de reconocer que necesitamos ayuda.
  6. Necesitamos que nos acompañen, que nos comprendan, que nos reconforten, no que nos digan que hay que superar esta situación. Es bueno que lo recordemos afectuosamente a nuestro entorno.
  7. Hablar de nuestra pérdida es necesario; revivir nuestra vivencia (qué pasó, cómo lo vivimos...) es bueno para nuestra evolución y para la integración de la pérdida, por mucho que la mayor parte de las personas crean que no.
  8. La pérdida y el duelo están cargados de mitos e ideas equivocadas. Es importante que hagamos un buen aprendizaje sobre el duelo y busquemos información adecuada.
  9. Llorar es bueno. Estar muy triste es normal. No tener ganas de hacer nada es lógico. Nos digan lo que nos digan, hemos de estar seguros de que este es el estado normal y que se prolongará por bastante tiempo.
  10. La vida a nuestro alrededor sigue, aunque no queramos. En la medida de lo posible, deberemos encontrar espacios para recuperar nuestra vida y reformular cómo la vivimos a raíz de nuestra pérdida.