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¿Cuáles son los principales objetivos de este proyecto formativo sobre la conducta suicida en el entorno educativo?

Glòria: «Nosotros ya teníamos testadas las cápsulas formativas que estábamos haciendo, que son de 5 horas y son una primera aproximación a lo que es la realidad de la conducta suicida y cómo prevenirla en el contexto educativo. También habíamos hecho formaciones más intensas, de 15 horas. El objetivo el curso pasado era hacer un proyecto piloto para seguir con el desarrollo del proyecto a medio plazo, empezando con los profesionales de los equipos de asesoramiento y orientación pedagógica (EAP) y los orientadores educativos de los centros de educación secundaria hasta poder llegar a los profesionales del ciclo superior de la educación primaria, puesto que estas conductas se presentan a edades cada vez más tempranas y debemos llegar antes a los chicos y chicas integrando la educación emocional en todas las áreas del aprendizaje.

La acogida y la alta demanda que hemos tenido nos demuestra la gran necesidad de hacer estas formaciones y, puesto que muchas personas se quedaron fuera, este curso empezamos donde lo dejamos para procurar asegurarnos que al menos un profesional de cada centro educativo ha recibido esta formación. La novedad es que además formaremos de forma específica y más profunda a un grupo de profesionales que puedan ejercer de referentes de zona para el resto de profesionales del sector educativo.

El objetivo es acercar esta realidad de una manera rápida, con unas cápsulas formativas de 5 horas en las que trabajamos dos grandes temas: la conducta suicida, que incluye los datos de referencia, los mitos, los factores de riesgo, detectar señales de alerta y cómo trabajar tanto la prevención como una situación de crisis en el centro; y, en segundo lugar, el acompañamiento en el duelo, porque entendemos que cuando estamos en fase de duelo también hacemos prevención en activo».

Teniendo en cuenta la magnitud de la temática ¿cómo debe enfocarse esta formación?

Joan: «Para construir es importante primero deconstruir lo poco o nada que nos han enseñado sobre el suicidio. Para mí, este es un tema fundamental y es aquello que abordamos en la primera parte de la formación. Sin darnos cuenta estamos replicando en las aulas los mitos y prejuicios que tenemos instaurados sobre el suicidio. No hay mala intención, pero cuando no tienes ninguna formación y al ser un tema tan complejo, lo evitas o lo tratas de manera inadecuada. Este es el primer paso que debemos hacer: romper la barrera de poder hablarlo, de pasar del ámbito privado al público y de empoderar a los orientadores para poder tratar el tema con naturalidad dentro de las aulas. Esta es una realidad que nos interpela a todos y que se está incrementando».

Glòria: «Precisamente, toda la primera parte de la formación está orientada a romper esta barrera a través de conocimiento y herramientas que permiten a los y las orientadoras trabajar la prevención de forma específica en el entorno educativo. Hay que entender que algunos de los mitos generales que rodean al suicidio están especialmente arraigados en los centros educativos como el de que hablar sobre ideas suicidas puede incitar a llevarlas a cabo. Esto no es cierto. Muchas veces es una realidad que no se aborda pensando que podría provocar más conducta suicida. Existe el miedo del profesional que se pregunta si va a saber enfocar una actividad o una prevención sobre este tema. El curso ayuda a perder estos miedos naturales heredados a lo largo de nuestra propia historia y sociedad.

Después abordamos la conducta suicida en sí y utilizamos la simbología de la “casa en llamas”, que ya la utilizamos en la guía Encarem el suïcidi juvenil, que hicimos con el Consell Nacional de la Joventut de Catalunya

La simbología de la “casa en llamas” muestra todas esas pequeñas llamas que van creciendo en el interior de la persona, que se hacen grandes a través de este factor precipitante, que es el combustible. Es cuando nosotros entramos, como bomberos, para atender las señales de alerta y ayudar a empoderar a los alumnos para que tengan herramientas para apagar estas pequeñas llamas que se encienden.

Hablamos, pues, de factores de riesgo, factores protectores, señales de alerta y luego abordamos la prevención desde la vertiente de la prevención selectiva, con proyectos ya validados que funcionan y que trabajan justamente en estos factores de riesgo. Es decir, si ya tenemos proyectos y actividades que tratan sobre la gestión de las emociones, la autoestima o la prevención del acoso escolar los podemos aprovechar reenfocando la mirada y que funcionen como elementos de prevención de la conducta suicida. Existen muchos materiales que se pueden aprovechar para hablar, de forma respetuosa, sobre el tema. Se trata de dar espacio y tiempo, de ofrecer recursos de ayuda.

Si un aula es capaz de hablar de vida, de muerte, de malestar emocional y psicológico, se convierte en un aula en la que se rompe el tabú comunicativo, que es base para poder hacer después la prevención indicada en caso de detectar señales de alerta. Allana el camino para poder hacer esas primeras entrevistas con el alumno en riesgo para poder derivar a los profesionales indicados».

La necesidad de que la prevención del suicido pase a la esfera pública

Uno de los mitos que persisten es que un suicidio no se puede prevenir, que es una decisión individual sobre la que no tenemos control ni previo aviso, pero existen señales de alerta a las que estar atentos…

Joan: «Cuando hablamos de mitos arraigados en el entorno escolar, también encontramos el de que quien se quiere suicidar no lo dice. Lo que intentamos hacer entender es que la persona que está en riesgo muchas veces presenta una ambivalencia: quiere acabar con el sufrimiento, pero a la vez está pidiendo ayuda. Hay que poner en valor esta parte porque sí que lo puede verbalizar o dar señales de aviso y si estamos preparados para saberlas interpretar podemos prevenir.

El mensaje principal es que, igual que se pueden prevenir los accidentes de tráfico, podemos prevenir los suicidios. ¿Se pueden prevenir todos? No, pero si una gran parte porque la mayoría sí que dan señales y si estamos entrenados para detectar estas señales seremos capaces de poder poner freno a esta escalada del proceso. La conducta suicida no es una cosa que pasa y ya está, sino que hay un proceso que pasa por la ideación, la planificación y un gesto. Si durante este camino sabemos detectar que algo no va bien, podremos prevenir. Lo que pasa es que esta prevención no está trabajada porque es un tema que aún queda en la esfera privada y no ha pasado a una esfera pública, como sí lo ha hecho la violencia machista, por ejemplo.

Ahora se empieza a hablar un poco del tema, pero no hay una estrategia nacional ni planes específicos para colectivos, como por ejemplo en las fuerzas y cuerpos de seguridad donde la incidencia es destacable. Como no hay una estrategia, esto da una falsa imagen de que no se puede hacer nada, pero sí se puede. Igual que hay un plan nacional para la prevención de los accidentes de tráfico y funciona porque durante años han conseguido rebajar las tasas de fallecidos, pues hay que hacer lo mismo con la prevención del suicidio».

Glòria: «Una cosa curiosa que hemos verificado en relación a las señales de alerta es que las personas que han hecho la formación, las orientadoras y miembros de las EAP, de alguna manera ya intuyen cuales son las señales de alerta. Hacíamos un ejercicio de preparar una nube de palabras sobre qué factores pensaban que podían crear malestar en el alumnado y salían todos los factores de riesgo que tenemos tipificados.

Hay diferentes señales que un alumno o alumna nos puede estar enviando. Tenemos señales directas, como afirmaciones y frases que se dicen: “para qué tengo que ir a la escuela si no me va a servir de nada”, “no sirvo para nada”, “nunca voy a llegar a nada”, “nadie me quiere”, “si no estoy aquí nadie se dará cuenta”. Cuando se producen, hay que tirar del hilo para saber si es producto de un momento de bajón puntual o si es algo más serio.

Otro gran aliado en el centro educativo es que hacemos muchos trabajos escritos y lo que nos manifiestan los profesores que nos consultan en la asociación son casos de cosas que se encuentran escritas en un trabajo o en la esquina de un examen, por ejemplo. Esta parte de señales escritas son importantísimas porque es el momento en que se da una señal de auxilio hacia un referente adulto, que le puede acompañar. En niños más pequeños encontramos estas señales escritas en forma de dibujos de la propia muerte o donde hay mucha sangre o violencia. Las señales de alarma siempre pueden ser, no significa que necesariamente lo sean, pero hay que indagar que hay más allá.

Luego tenemos las señales indirectas. Los y las profesoras conocen al alumnado, de alguna manera saben cuándo hay algo que no va bien: se aíslan, dejan de hacer actividades que antes hacían, dejan de ser comunicativos… Al final, la conducta suicida se debe abordar como un sentimiento más. Si vemos que un alumno está sufriendo por algún motivo, tenemos que acercarnos porque, como adultos, tenemos herramientas para proporcionar ayuda. En este capítulo de señales indirectas incluimos también fenómenos muy presentes en la vida de los adolescentes, como la adicción a las redes sociales y los movimientos que se producen de retos absurdos y movimientos pro autolesiones».

adolescencia

¿Por qué se suicidan los jóvenes?

Puede que un profesor o profesora tenga dudas sobre cómo gestionar la situación cuando detecta una de estas señales ¿Qué recomiendan?

Glòria: «Precisamente, una de las demandas más frecuentes es qué hacer con esta información y cómo acompañar al alumno. Lo primero que deben hacer es compartir y analizar con el o la orientadora del centro, no intentar gestionarlo de manera individual. Ni se puede ni se debe. La comunidad educativa tiene muchos recursos que puede utilizar, hay que conocerlos y analizar cuál es la mejor actuación. También es importante entender que no todos tenemos las mismas capacidades para todas las situaciones por ello hay que trabajar de forma colaborativa dentro del centro. Un profesor puede tener una competencia muy alta para algunos temas más técnicos, pero quizás no se le da también abordar ciertas situaciones de carácter más emocional, por ello deben apoyarse en compañeros o compañeras que quizás tengan más facilidad.

Lo primero, en cualquier caso, es hablar con el alumno o alumna e informar a la familia, buscando una cita conjunta en la que el alumno pueda expresarse. Es importante un buen acompañamiento a la familia, que muchas veces no saben cómo reaccionar, por eso es interesante conocer los recursos que hay en nuestra zona, para poder dar cierta orientación inicial para derivarlo a los profesionales de la salud y/o del ámbito social.

Los profesores y profesoras tienen muchas dudas sobre cómo hay que hablarlo con las familias, si lo que perciben deben comunícalo y cómo, si hay que explicarlo a todo el equipo docente… Todos estos temas los abordamos en la formación».

¿Qué característica de la adolescencia debemos tener en cuenta en materia de prevención?

Joan: «Es muy importante entender al adolescente. Comprender en qué etapa evolutiva se encuentra, qué características hacen diferente a esta etapa de otras y entender cómo se da el suicidio en una población que es considerada de riesgo, por los datos que tenemos y por sus propias características.

Hay que entender que el adolescente no tiene el autocontrol que pueda tener una persona adulta, por ello hay que acompañarle para trabajar esta regulación emocional para limitar la impulsividad.

También es importante ver cómo entiende el adolescente su entorno. La conducta suicida es un fenómeno multifactorial, pero el entorno y cómo el adolescente se relaciona con él tiene un peso importante. En esta etapa de la vida, los referentes son los iguales, los compañeros y compañeras de clase y las amistades. La familia tiene un peso, pero los iguales pueden incidir de forma muy importante. Hay en entender que el tiempo que pasan en las aulas también influye en la relación con los compañeros, por eso es importante observar si son relaciones sanas, si hay un vínculo de comunicación con los compañeros y con el propio tutor.

Estamos en una etapa, además, que todo se vive de forma muy intensa, para ellos es un momento único en un momento en que la personalidad aún se está forjando y muchas veces les hace ser muy vulnerables, muy influenciables por las redes sociales».

Cuando guardar un secreto pone en riesgo a la persona

Y el papel que pueden tener los amigos y amigas en detectar un riesgo ¿Cómo se gestiona?

Joan: «En la prevención del suicido todo el mundo es importante, no solo los profesionales de la salud mental. En una etapa como la adolescencia, en la que las personas más importantes es el grupo de amigos, quien más y antes puede detectar una señal y parar este proceso pueden ser los amigos de confianza.

Un concepto clave es romper con esta idea de ‘guardar el secreto’. Cuando es un tema que pone en riesgo la vida de la otra persona, hay un salto cualitativo importante. En este momento, aunque la persona se pueda enfadar, hay que poner en la balanza el beneficio que se obtiene, que es muy alto porque se puede salvar una vida. El enfado se pasa pero que pueda terminar con su vida es algo definitivo. Este balance es importante hacerlo.

Esta es una reflexión que a menudo hacen los chicos y chicas después de trabajar una actividad o después de algún trabajo de educación emocional en clase…es cuando viene un amigo o amiga a contarnos que sabe alguna cosa. Es por ello que es imprescindible que todo el alumnado tenga el radar activado para detectar señales y, sobretodo, eliminar esta figura del “chivato”. El amigo que comunica es el amigo que ayuda».

Gloria: «Exacto, es la idea del secreto mal entendido. Una forma de trabajarlo en el aula es con un ejercicio de buenos secretos y malos secretos y entender la diferencia. Un buen secreto es una fiesta sorpresa, un regalo, una sorpresa de algo que a la otra persona le hará feliz. Aporta una sensación agradable a todos los implicados. Pero cuando un secreto implica que alguna persona sufre, entonces es un mal secreto y no deberíamos continuar con el pensando que estamos protegiendo la intimidad de otra persona. No hay que tener miedo a perder una amistad o provocar un enfado, si ese secreto no se comparte con una persona adulta se está poniendo en riesgo al amigo o amiga. Trabajar estos conceptos son clave también cuando tratamos temas de abusos sexuales y es una demanda cada vez más creciente en los centros educativos».

Y cuándo se ha dado el caso de una tentativa de suicidio ¿cómo se gestiona desde el centro educativo?

Glòria: «Cuando hay una situación de un alumno que está en proceso de recuperación, lo ideal es que la persona que ha establecido esa comunicación con el alumno siga siendo el adulto de referencia para ese alumno, para que sepa que le va a acompañar a él y a su familia.

Cada caso es distinto. Habrá alumnos que se reincorporaran con un horario lectivo normal y otros que necesitaran una reorganización horaria y de aprendizaje. Siempre decimos que en el sector educativo podemos actuar en los factores que atañen a nuestro contexto. Por poner ejemplos, si dentro de los multifactores que han provocado el sufrimiento hay una situación de acoso escolar, tenemos que ver qué herramientas activamos para poner fin a esta situación. Este debe ser nuestro enfoque objetivo diana. Si hay, por ejemplo, como factor de riesgo el no llegar a adquirir unos objetivos de aprendizaje, vamos a analizar hoy y ahora qué podemos hacer para ajustar estos aprendizajes a las necesidades del alumno. Si entrar a la misma hora que el resto de alumnos le produce un malestar, pues le adaptaremos esos horarios. En definitiva, se trata de detectar y actuar sobre los factores de riesgo que han podido influir en esta persona para poder hacer un plan de acompañamiento.

Obviamente siempre se trata de ofrecer y proponer, nunca imponer. Se trata de encontrar marcos y espacios seguros para esa persona.

También nos preguntan mucho si debe saber todo el mundo lo que ha pasado. Deben saberlo los profesionales que actúan con esa persona, los que le dan clases, pero no necesitan saberlo todos los profesores y profesoras del centro».

Joan: «Esta intervención posterior, en un momento y con una persona de riesgo, también es prevención porque sabemos que hay posibilidades de que pueda haber otra tentativa. El entorno también puede prevenir, por eso damos pautas que pueden parecer muy genéricas pero que son muy concretas:

  • Crear un marco seguro.
  • No invalidar lo que siente.
  • Observar si la situación mejora.
  • No banalizar lo que le ha sucedido.
  • Tener en cuenta cualquier conducta extraña.
  • Escuchar activamente».
Testimonio Pau

Pau (nombre ficticio)

Testimonio

Con la llegada de la pandemia ha habido un incremento preocupante de tentativas de suicidio y autolesiones en la población infantil y adolescente. ¿A qué factores lo atribuyen?

Joan:«Para mí estos datos que tenemos del aumento de casos de tentativas de suicidio, autolesiones y trastornos de la conducta alimentaria son como la punta del iceberg, es una expresión de un malestar profundo y multidimensional. Lo que estamos viendo es una señal. Hay un sufrimiento, un malestar, mucha desesperanza, mucha visión negativa de uno mismo, de los demás y del futuro, de que nada irá bien. Como dice mi compañera Alba Alfageme, cuando hablas con los jóvenes no es que no tengan futuro, es que a veces no tienen ni presente.

Es la realidad de una generación con pocas perspectivas de futuro, que tiene dificultades para emanciparse y lucha contra una tasa de paro elevada. Además, han vivido ya más de una crisis económica que habrá tenido más o menos impacto en sus hogares.

Cuando llega la pandemia, se encontraron con un confinamiento ideado con una mirada adultocéntrica, que no ha tenido en cuenta su voz y opinión. Y que cuando han podido salir, se les ha criminalizado. Hay que entender que en la adolescencia tus referentes son tus iguales, a los que no has tenido posibilidad de ver físicamente durante un largo tiempo y que son conscientes que lo que les tocaba vivir con 14, 15, 16 años no ha pasado y que no podrán recuperar esos momentos, o no del todo. Todas las cosas que viven en esta etapa son necesarias porque conforman la personalidad, son necesarias para vivir, aprender y desarrollar estrategias de afrontamiento y gestión emocional. Así que ha sido la tormenta perfecta».

Glòria:«Hemos vivido durante muchos años pensando en el día de mañana, en el futuro. Caemos en esta idea recurrente de que tenemos que estudiar para poder aprobar este examen, para pasar el curso, para pasar la selectividad, para ir a la universidad, para trabajar y tener dinero…

Es necesario un cambio de paradigma ya. Para mí la clave es el presente. Tenemos que aprender ya desde pequeños a vivir el presente, que esto no quita que tengas unos objetivos vitales, pero hay que aprender a diferenciar entre los objetivos de hoy, de mañana y de aquí a un año porque si no caemos en la frustración. Aprender a vivir con las pequeñas cosas del día a día, a integrar la pérdida y la frustración en nuestra vida y que es tan válido como la felicidad y el estar contentos. Todas las emociones son básicas y la clave está en el afrontamiento, en cómo canalizo todos los estímulos que me llegan.

En este malestar que comentamos y esta frustración, creo que influyen mucho las presiones de las redes sociales, que han tenido también un peso importante en la propia identidad de los jóvenes y en su autoimagen. Para mí es un factor determinante en el desarrollo de los jóvenes que debe tenerse en cuenta».

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 8 de Septiembre de 2021
Última modificación: 17 de Julio de 2024

Si tienes pensamientos suicidas, pide ayuda:

También puedes comunicarte con los servicios de emergencia locales de tu zona de residencia.

En la prevención del suicidio juvenil, trabajar desde el entorno escolar es fundamental. Pero para poder ser efectivos es necesario desterrar los mitos y miedos frecuentemente asentados en el imaginario de los profesionales que trabajan en los centros escolares y dotarles de herramientas y conocimientos para que puedan acompañar a los alumnos y detectar situaciones de riesgo. A falta de una estrategia nacional de prevención del suicidio, son pocas las iniciativas que se pueden encontrar que aborden este reto.

Hace cuatro años, la Associació per la Prevenció del Suïcidi i Atenció al Supervivent (APSAS) empezó a ofrecer formación específica sobre conducta suicida a los centros educativos. El curso pasado, el Departament d’Educacio de la Generalitat de Catalunya encargó a esta asociación el desarrollo de un proyecto a medio plazo para poder llegar con esta formación a los centros educativos de secundaria y a los profesionales de segundo ciclo de primaria. Con más de 700 personas formadas, en su mayoría orientadores educativos y equipos de asesoramiento y orientación pedagógica (EAP), la APSAS retoma este curso las formaciones debido a la alta demanda y con el objetivo de poder cubrir todo el territorio catalán a través de los diez servicios territoriales de educación de la administración catalana.

Conversamos con las personas que están liderando este proyecto: Glòria Iniesta, maestra de educación primaria y coordinadora de APSAS y Joan Roa, psicólogo, profesor asociado e investigador de Psicología Social en la Universitat de Girona, docente de orientación educativa en el Departament d'Educació de la Generalitat de Catalunya y formador técnico sobre la conducta suicida de APSAS.