Eva Berenguer
Familiar de persona muerta por suicidio

«En casa no se habló nunca de la muerte de mi padre»

Eva tenía once años cuando su padre murió. Aquel suceso tuvo un impacto devastador en la familia. Su tío les explicó entonces, a ella y a su hermano, el significado de la palabra suicidio, pero a partir de aquel día nunca más se habló de esto en casa. Ni en casa, ni en la escuela ni en ningún otro entorno. El silencio reinó durante el luto, y el tabú y el estigma que rodean el suicidio se hicieron patentes en la vida de esta familia.

«Yo necesitaba explicar que mi padre se había suicidado, necesitaba verbalizar la palabra suicidio, pero no encontraba un retorno, una acogida», explica Eva. Y cuando se traslada 33 años atrás, le viene a la memoria la necesidad que tenía entonces de recordar a su padre a través del olor de sus pertenencias. «¿Cómo puede ser que ya no esté, si ayer nos tirábamos juntos a la piscina?», se preguntaba en aquel momento. Pero también recuerda que, antes de su muerte, ya «tenía como una intuición de que algo le pasaría a mi padre, no sé decir qué era, pero había algunas señales que hacían que viviera con angustia pensando en esto».

El silencio, la incomprensión, el estigma, la sensación de abandono, pero también el miedo irrumpió en su vida. «Cuando murió mi padre, empecé a tener terror y ansiedad pensando en que mi hermano, mi madre o alguien a quien quería se podía morir. Tanto era así, que por las noches me levantaba para mirar si respiraban. El miedo a la muerte, a la pérdida, lo he tenido muchos años y me ha costado mucho sacármelo de encima». Y también la rabia: «¿Por qué me ha dejado? ¿Cómo lo ha podido hacer? Yo le necesitaba», unos sentimientos que poco a poco fueron desapareciendo.

Y es que este hecho ha condicionado toda la vida de Eva, que con once años tuvo que crecer precipitadamente, y que con catorce sacó su rebeldía con la vida. «Como no hablábamos nunca de este tema y cada cual hizo lo que pudo, yo estaba muy enfadada con el mundo, y esto me comportó unos años complicados cuando era adolescente», reconoce esta superviviente, que está segura que «si hubiéramos hablado y se hubiera tratado en casa, habría sido muy diferente. Y claro, no lo hablas en casa porque socialmente no está bien visto; de hecho, creo que hoy en día todavía ahora se esconde». Ha influenciado en su vida y en la de su hermano, que entonces tenía solo seis años y que ahora, más de treinta años después, necesita hablar: «Él ahora llora la muerte del padre y necesita llenar aquel vacío que tiene de una persona a quien no puede recordar y de quien nunca se ha hablado», nos comparte Eva.

Herramientas y estrategias para salir adelante

«Tenemos un video de cuando éramos muy pequeños donde sale mi padre, y durante mucho tiempo yo no lo he podido ver, no podía, no aguantaba ni dos minutos. Y ahora sí, ahora me lo pongo, me gusta verlo y recordarlo», nos explica Eva con una sonrisa. Las herramientas y los recursos para poder superar la muerte por suicidio las ha encontrado mucho más tarde: reconocer las emociones, hablar mucho, no tener miedo a pedir ayuda y cuidarse haciendo mindfulness, yoga, meditación… Recursos que recomienda a cualquier persona que ahora se encuentre en su situación, pero sobre todo les dice «que hablen, que no se queden nada. Lo peor que puedes hacer es quedártelo todo. Y reconocer la emoción, la tristeza, la rabia».

Pero si hay un momento que fue un punto de inflexión en la vida de Eva fue cuando fue madre: «Se me removió todo, y entre este todo, la muerte de mi padre», recuerda. Ella, como otras mujeres, tuvo una depresión posparto, un momento delicado en el que una idea aterrizó en su cabeza: «A ver si me pasa lo mismo que le pasó a él?». Este miedo hizo que escondiera su sufrimiento durante un año, hasta que finalmente se puso en manos de un profesional para superar esta situación, que le hizo «tomar conciencia de todo».

«Recuerdo cosas muy positivas de mi padre. Era muy inteligente, le gustaba mucho dibujar y era una persona muy sensible. Recuerdo que por las mañanas, antes de ir a trabajar, nos venía a dar un beso. Pero también recuerdo sus crisis y algunos momentos complicados que me hacían tener la sensación de que algún día no estaría aquí». Así recuerda Eva a su padre, tal como era, cuando mira las fotos que pudo colocar en las estanterías de su casa ahora hace seis años.

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 13 de Octubre de 2022
Última modificación: 21 de Noviembre de 2022
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