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¿Cómo puede afectar el verano a las personas con depresión?

Cómo afrontar el cambio de rutinas y hábitos
María José Rodas Ortuño

María José Rodas Ortuño

Activista en salud mental
TrebolMente
Neus Vila Mumbrú

Neus Vila Mumbrú

Terapeuta ocupacional
Osonament
Depresión y verano

Resumen

El verano puede ser una temporada desafiante para quienes tienen depresión, debido a las alteraciones en su rutina y a una menor disponibilidad de actividades y soporte social. Esto puede aumentar la angustia, afectar el sueño y las comidas, y llevar al aislamiento. La presión social de tener que disfrutar de las vacaciones y el calor pueden empeorar los síntomas, incrementando la ansiedad y el estrés. Es crucial intentar mantener rutinas y hábitos saludables, buscar actividades alternativas para mantenerse activo y socializar, y estar atentos a los signos de recaída, tomando la medicación y buscando ayuda si es necesario.
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Los meses de verano pueden ser una época difícil para las personas que tienen un trastorno depresivo. En las vacaciones todo cambia, los horarios, las actividades, los hábitos…Y parece que todo se pare: los cursos, las clases de baile, los talleres, las actividades deportivas e incluso, en algunos casos, también disminuyen su actividad los centros sociales y los grupos de ayuda. Y la  pregunta es: ¿es que en verano dejamos de tener las mismas necesidades que el resto del año? 

Tener una rutina es importante para la estabilidad emocional y constituye un factor protector que el verano puede alterar. A una persona con depresión, a quien seguramente le ha costado mucho construir unas rutinas diarias que le ayuden a llevar una vida más estable y organizada, este cambio le puede producir mucha angustia. Incluso, el hecho de estar más tiempo inactiva le puede llevar a tener más pensamientos negativos y desencadenar un desorden en las comidas y en el sueño. Además, las actividades diarias ayudan a socializar, a establecer relaciones interpersonales y a no aislarse. 

Los cambios de rutina en verano pueden producir angustia a las personas con depresión y desencadenar desórdenes en las comidas y el sueño, aislamiento y menos adherencia al tratamiento.

A este factor se le añade la presión social de tener que pasárselo bien, hacer un viaje o marcharse unos días a la playa o a la montaña. A la pregunta recurrente de «¿Dónde vas de vacaciones?», no cabe la posibilidad de responder «no me gusta irme de vacaciones». Esta sorpresa ante una respuesta que parece que no encaja, puede llegar a incomodar a la persona, que se ve presionada a dar explicaciones sobre su vida y sus preferencias.   

Eva Molina Arnaiz

Eva Molina Arnaiz

Persona afectada por depresión mayor y trastorno de ansiedad

Algunos aspectos que debemos tener en cuenta cuando llega el verano son: 

  • Los cambios de rutinas, horarios, actividades y hábitos pueden favorecer la inestabilidad emocional. 
  • El sentido de aislamiento o de soledad no deseada se acentúa. 
  • La presión de tener que pasarlo bien puede generar ansiedad y estrés
  • El calor y la humedad pueden producir cansancio, sueño de mala calidad e irritabilidad.
  • Algunos síntomas de enfermedades crónicas pueden empeorar.
  • La red de apoyo suele disminuir.
  • La adherencia terapéutica suele ser menor en esta época, ya que se pierden los horarios habituales.

Ante estas situaciones, es recomendable, en la medida de lo posible, seguir manteniendo algunas rutinas o algunas actividades que nos hagan sentir bien e intentar seguir hábitos saludables en las comidas y en el sueño. Y así, sobrellevar el verano de la mejor manera posible.  

Recomendaciones para afrontar los cambios del verano 

  • Buscar actividades alternativas: piscina, playa, cine al aire libre, taller de cocina de verano, conciertos, fiestas de barrio o pueblo, pasear al atardecer, disfrutar de un helado…, que pueden ser una buena opción para distraerse y estar en espacios más frescos como las bibliotecas, los cine o las salas de exposición. Realizar actividades al aire libre, en contacto con la naturaleza, puede ser un buen plan. 
  • Marcar en el calendario las actividades que nos interesen durante estos meses de verano, para incluirlas en nuestra planificación semanal y que no se nos pasen por alto. A menudo, en verano se llevan a cabo actividades temporales o de un solo día, que no tendremos planificadas en nuestra rutina diaria del resto del año. 
  • Intentar salir de casa al menos una vez al día, aunque sea a comprar el pan, para obligarnos a vestirnos, que nos toque el aire y socializar un mínimo.   
  • No obligarnos a estar ocupados todo el día, aunque en verano los días sean más largos y parezca que tengamos la obligación de estar activos más horas. Podemos estar igual de ocupados pero en horas diferentes, evitando estar al aire libre las horas de más calor.
  • Pensar en opciones de actividades para pasar el tiempo también en casa: leer, hacer puzzles, cocinar nuevas recetas, pasatiempos, manualidades, bricolaje, cambiar la disposición o decoración de la casa, series de televisión…
  • Estar en contacto con la familia y las amistades en la medida de lo posible, y seguir manteniendo contacto con los compañeros y compañeras de las asociaciones y de los grupos de ayuda mutua, aunque sea de manera virtual.
  • Intentar mantener una rutina durante el día y una rutina de sueño correcta, respetando los horarios y procurando no trasnochar. 
  • Seguir unos buenos hábitos de alimentación (evitar alimentos ultraprocesados y azúcares).
  • Ponerse una alarma para no olvidar tomar la medicación.
  • Evitar las temperaturas extremas y mantenerse hidratado.
  • No someterse a la obligación de tener que pasarlo bien. 
  • Practicar técnicas de relajación para disminuir la ansiedad (se pueden utilizar tutoriales o vídeos, por ejemplo).
  • Estar atentos ante las señales de alarma que indican una recaída o una agudización de los síntomas de la depresión y pedir ayuda ante los primeros síntomas para evitar una recaída.
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